lunes, 16 de octubre de 2017

CEGUERA SELECTIVA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Somos humanos porque somos subjetivos. Pero también, como humanos, es exigible embridar esa subjetividad, hacer frente a los sesgos que nos llevan a decantarnos por esto y no por aquello. ¿Por qué siendo todos tan amantes de la igualdad luego defendemos asimétricos Conciertos económicos? ¿Por qué decimos que hay que depurar el escándalo de las cajas de ahorros pero después miramos a otro lado cuando comparecen las mangarrufas de la antigua Sa Nostra? En otro orden de cosas, pero siguiendo la misma senda de percepción sinuosa, es curioso cómo sobreviven en las afueras de nuestra mirada singularidades tan estimables como la curiosa momia egipcia del más curioso aún Museo Bíblico. O un cementerio judío no muy lejos de Palma. Ya no sobrevive, que yo sepa, pero había en un bar de Llubí unos animales deformes que el dueño guardaba en unas vitrinas que espantaban a sus clientes, yo incluido en los años 80 cuando mis padres visitaban a un amigo, el rector Joan Rosselló. Por no hablar del bar Panorámica, al que me referí hace poco.
Hoy hablaré del islote de Na Galera. Lo hemos tenido siempre delante de nuestras narices, pero fruto de esta subjetividad descuidada tan nuestra nunca le habíamos dado la menor importancia. Una roca frente a Can Pastilla, nada más. Este verano le he dedicado un reportaje en la Gaceta Náutica, y ya destaqué que podría servir como metáfora de nuestro buen hacer: mirada distraída que sólo se pasea sobre las cosas, pero sin fijar el foco ni escrutar detalles. Así se desatienden logros importantes para cortejar minucias prestigiadas por lo identitario, el dinero o a saber qué más. Menos mal que de vez en cuando aparecen individuos insólitos que son capaces de intuir de verdad lo importante, ir más allá de lo evidente y trabajar sin seguir dinámicas trilladas.
En este caso hablamos de Ramón Martín, co-director de las excavaciones arqueológicas que han encontrado en Na Galera un fascinante santuario púnico y varios restos talayóticos. Martín es un auténtico self-made man, pues trabajando en el mundo del turismo se recicló ya mayor estudiando arqueología en la UNED, y con su equipo de colaboradores y voluntarios (necesarios estos en un proyecto en que el dinero público anda muy justo) ha ido profundizando desde 2012 en las entrañas de este islote desenmascarando nada menos que restos de una docena de seres humanos, fragmentos de muros, cerámica diversa, un pozo funerario, tres cisternas, monedas púnicas e increíblemente los esqueletos de unos 2000 cormoranes (adultos y enteros), que al parecer liquidaban para que no les birlara la pesca. En estas semanas se va acabando el proceso de excavación y quedan más maravillas por emerger.

sábado, 14 de octubre de 2017

RULL, TURULL Y CUCURULL


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

        Los tiempos están cambiando, como cantaba Dylan, y eso también sucede en el mundo del humor: se acabaron los chistes de leperos, ahora sustituidos por los de catalanistas estelados, con su taumatúrgico Fregonademont al frente. Es ya un desmelenado festival del humor lo que rodea al surrealista prusés, una revolución no tanto de las sonrisas como del cachondeo. El martes pasado “ocurrió lo que ocurrió” (Tardà), una broma eslovena variante de “la parte contratante de la primera parte” de unos hermanos Marx completamente superados por la cuadrilla de los Rull, Turull y Cucurull, la independencia cuántica de los 10 segundos, una brecha dadaísta en el espacio-tiempo, coitus interruptus que dejó las 10 horas del Estat Català de Companys como una eternidad insoportable. Pasto de las redes sociales, que se llenaron de bromas sobre la gesta del frikismo de la Generalitat, El Mundo Today intentó una historia de esta efímera República Catalana narrando decenas de detallados gestos de aparente cotidianidad pero honda grandeza, y en Facebook Marc González dio en el clavo con gran (im)precisión mallorquina: “Puigdemont ha deixonat una deixona”.
Del citado trío mágico del humor lleva años destacando Víctor Cucurull, menos conocido que sus compadres Josep Rull y Jordi Turull, pero un prodigio inimitable, una fábrica industrial de carcajadas que ha registrado cimas de la diversión hasta ahora nunca descubiertas. Capitanea el Institut Nova Història, aquel think tank de Ganímedes que se dedica a catalanizar con derroche alucinatorio todos los logros españoles y europeos: Cervantes, Hernán Cortés, Garcilaso, Colón, Da Vinci, Erasmo y muchos más. Algún despistado acusará a Nova Història de supremacismo, pero eso sería no entender la posmoderna forma de humor que manejan, cristalización depurada de tantas inteligencias, culmen de la filigrana ocurrente. Todo ello bajo la mirada flipadísima de la diputada cupera Eulàlia Reguant, que parece huida de alguna película de terror de Dario Argento, rey del giallo.
Pero también tiene margen el humor a la vieja usanza, el humor intencionado, y en Cataluña de eso aún queda. Siguiendo la noble herencia de Eugenio y Capri, eclosiona el joven Jaume Vives, inspirado líder de la Contrarevolució dels Somriures, que ha emancipado a su balcón en la barcelonesa calle Balmes del opresor vínculo con su comunidad de vecinos para mancomunarse con los balcones resistentes de las fincas de enfrente. Tras una votación de más de 20 personas que generaron dos millones de votos, tutelados por observadores internacionales (dos guiris vecinos que pillaron en plena calle), han procedido a la independencia… aunque también le han puesto un puigdemontiano freno, esperando acontecimientos, mientras silencian los conciertos de romas cacerolas indepes pinchando a todo trapo El porompompero y el Que viva España de Manolo Escobar.

lunes, 9 de octubre de 2017

EL FIN DEL SILENCIO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

       Asegura Yocasta en Las fenicias de Eurípides que “es propio de esclavos no decir lo que se piensa”, y en Cataluña ha existido en las últimas décadas un serio déficit de sinceridad por parte de la mitad no catalanista de la población, fruto de la insistente presión social y mediática que sacralizaba un único discurso posible. El supuesto “oasis del seny” ha resultado ser una de tantas aldeas tribales. Ha sido preciso que se viera el abismo, la cercanía de un enfrentamiento directo y total, para que la mayoría silenciosa abandone el miedo y se exprese abiertamente. Y, qué curioso, resulta que lo que necesitaba expresar no era ningún sangriento culto al dios Moloch sino la pulcra y responsable defensa del Estado de derecho y el respeto a la pluralidad de una sociedad democrática.
Somos un país realmente singular, aunque en muchas ocasiones propician esta extravagancia aquellos que dicen sentirse muy alejados de cualquier idea de España. Y es que los caminos de su coherencia son inescrutables. Por ejemplo, el rollo este del “parlem”. ¿Se imaginan un “Bárcenas, hablemos”? ¿O un “no demonicemos a Cursach, ¡diálogo!”? Todavía falta que alguien explique, sin apelar a sus caprichosos testículos, cuáles son los delitos que deben acabar en diálogo y cuáles no. También es curioso el asunto de las banderas, porque ahora muchos que han estado años y años bastante despistados cuando lo envolvía todo la estelada, símbolo que expresa conflicto y exclusión, omnipresente incluso en la manifestación contra los atentados islamistas de agosto, ahora cuando sale del armario una rojigualda que representa a toda la ciudadanía se escandalizan y ensayan un pomposo discurso contra todas las banderas. Excepto la blanca, señal de rendición.
Realmente el punto de inflexión contra el golpe independentista ha sido, y ya no hay ninguna duda al respecto, el discurso del Rey Felipe VI, un caso de extraño de Borbón que no “borbonea”, al menos el martes, y por eso pilló a contrapié a tantos que, aturdidos, sacaron a pasear el sobado repertorio de mantras insolventes contra la monarquía constitucional. Primero, niegan que esta figura real esté legitimada por los votos de los españoles, olvidando que el referendum de la Constitución de 1978, aprobado por el 91’81 % de los electores, certificaba el papel que juega la monarquía en nuestro sistema; y, segundo, olvidan también, o seguramente ni lo saben, que los países más democráticos del mundo son monarquías: Dinamarca, Holanda, Noruega, Suecia, Canadá, Australia o Nueva Zelanda. En los tres últimos casos, la reina de estos Estados pernocta en Londres, pero el sistema en definitiva no es republicano. En estos menesteres, ser pragmático, como es mi caso, permite librarse de desagradables úlceras mentales.

sábado, 7 de octubre de 2017

EL ‘PRUSÉS’ DE LAS TROLAS


Lo normal sería que todos estuviéramos celebrando el reciente Nobel de Física para los descubridores de las ondas gravitacionales, sobre todo cuando tenemos en la UIB al grupo de investigación de la doctora Sintes que ha participado en los cuatro hallazgos. En el mundo científico por lo general funciona la meritocracia; muy difícilmente se quedan fueran de circulación los mejores miembros de esta comunidad. Por no hablar de que el elemento identitario o nacional no suele tener ningún peso. Qué constraste con la esfera política, sobre todo en nuestro entretenidísimo país, donde parece funcionar el filtro opuesto: los más ineptos copan los puestos de mando. Todo lo que en la ciencia significa avance, se convierte en retroceso en la política. ¿Por qué los limitados estudiantes de Cataluña y Baleares salen de la escuela pública sin saber nada de ciencia pero perversamente adiestrados en las disputas identitarias más conflictivas?
Qué remedio, hablemos del ‘prusés’. Tanta arrogancia desatada, tanto desvarío de gritos e intimidación, y entonces llega la banca, el Sabadell y la antigua La Caixa, y se retira del escenario. De repente si hasta callan las omnipresentes caceroladas… para que luego digan que los chistes sobre el apego a la pela no tenían cierto sentido. Se ha postergado un poco, pero el trompazo con la realidad ya está dejando importantes secuelas. Hasta ahora tal vez no se había producido porque las mentiras que iban escampando políticos y periodistas catalanistas conseguían echar raíces en el jardín patrio. En las últimas semanas se percibe una mayor materia gris en el periodismo a la hora de chequear las noticias, pero durante demasiados años nos han ido colando decenas de trolas que intoxicaron el debate y las emociones cívicas. Si la última semana ha estado preñadísima de fake news, algunas evangélicamente milagrosas (como esa multiplicación epifánica de votantes y heridos), no debemos olvidar que todo nació ya con mentiras: el coreadísimo “Espanya ens roba” del supuesto “expolio fiscal”, que fue fatídicamente desmantelado hace tres años por un riguroso estudio de Ángel de la Fuente sobre las balanzas fiscales (no han vuelto a lloriquear apenas sobre el tema, pero porque ha sido amortizado: sin ese veneno esparcido, no tendríamos el motín actual), la austeridad de la clase dirigente catalana (cuando han disfrutado como timonel del Molt Honorable Defraudador y famiglia), y sobre todo el dichoso Seny, el mayor timo de la estampita conocido.
A este ritmo de masivas fugas empresariales, que dejarán así de pagar sus impuestos en Cataluña, al final van a conseguir los independentistas aquello que pretendían: dejar de ser solidarios con el resto de España, pues su PIB se está descalabrando más que la carrera de Fernando Alonso.

(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

lunes, 2 de octubre de 2017

PARÁBOLA DEL BOMBERO PIRÓMANO


Aunque vivamos en una sociedad mal informada y con un bagaje cultural e histórico lamentable (ya sea por carencia o manipulación), no han inventado nada: que los más incendiarios se presenten como la solución al problema que han provocado estaba ya en El príncipe de Maquiavelo y se percibe desde los inicios de nuestra conflictiva especie. El indepentismo nos ha llevado hasta aquí, con el añadido de que es el modus operandi de la CUP la que dirige estos últimos meses de desmadrado prusés. Sin olvidarnos de las dos legislaturas de ZP, que mientras con una mano trataba de humillar a las víctimas de ETA pactando con sus asesinos, sin llevar esa iniciativa en su programa electoral y vulnerando el Pacto Antiterrorista, con la otra reabría las heridas de la Guerra Civil, elemento indispensable para entender el nivel de furia cainita que se padece hoy. Por no hablar de su insólito apoyo al pre-Estatut y al impresentable Pacte del Tinell. Pero ZP, como el Nazarín de Buñuel, ahora se hace el despistado respecto al incendio populista que ha avivado.
Como escribo esto el domingo a media tarde, algo quedará en el tintero. Además, he tomado la precaución de no seguir en directo los acontecimientos de ayer por la mañana en Cataluña. Ya desconecté de redes y medios cuando el atentado islamista en Barcelona (¿Alguien lo recuerda? Todavía quedan heridos en hospitales, pero no hay dudas de que esos crímenes eran una molestia para el independentismo pues desviaba la atención de su obsesivo prusés), porque la histeria y la desinformación canibalizan siempre una reflexión que, como ya señalaba Aristóteles (con el theorós, el que elabora una teoría), precisa de la distancia. Y realmente lo sucedido no me sorprende: los Mossos a lo suyo, colaboracionistas y sin garantizar la legalidad que les paga un elevado sueldo, y la turba usando a niños y viejos como escudos humanos. Si hemos llegado hasta aquí mediante embustes, puestos en marcha por una educación que se ha utilizado de forma desleal y antagonista, y amplificados por los medios catalanes, la manipulación sigue carburando a buen ritmo: fotos falsas (de agresiones de 2012 perpetradas por ¡los Mossos!), la anciana que se golpea con unas escaleras pero que se asegura víctima de las porras, barricadas contra órdenes judiciales, urnas opacas que llegan llenas de papeletas a los colegios, etc.
Nos ha llegado la factura. Pero no tanto por el centralismo o la falta de diálogo como por no haber convertido a una sociedad (la española en su totalidad) adolescente, fagocitada por simplezas, frivolidad y una emotividad a flor de piel, en un ente más reflexivo y atento a la realidad concreta de los hechos.

(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

sábado, 30 de septiembre de 2017

LA VIDA EN LA SOMBRA


  (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Cuando llega el otoño, me paso las tardes en la terraza del Panorámica, un bar escasamente conocido, a pesar de contar con varias décadas de vida, que está en Bellavista y tiene, como indica el nombre del lugar, la mejor perspectiva posible de la bahía de Palma. Ahí aflora lo que cohibe la áspera cotidianidad. “Todo lo interesante ocurre en la sombra”, escribió Céline. Llevo un tiempo con dos sueños que se reiteran: uno muy concreto y el otro más intuitivo y difuso. En el primer caso, veo precisamente desde la elevación apolínea del Panorámica la bahía palmesana vaciada de agua, con el fondo seco, aunque a veces se manifiesta todavía mojado y fangoso. Una visión convulsa en su belleza furiosa y también en su fisura de toda lógica. Me fascinan esas estampas de la desolación, como aquella imagen veneciana que deleitaba al pintor Riera Ferrari, fallecido hace unos meses: un cementerio de barcos que se pudren en una dársena.
En el otro sueño, y de alguna manera insuflado por una de las películas que mayor impacto me han causado, Érase una vez en América de Sergio Leone, brota la alienante sensación de que fallecí en el accidente de moto de julio del año 2000 que he relatado en estas páginas y que me seccionó la femoral; fue un milagro que una ambulancia que pasaba por el Mercapalma me cogiera a tiempo. Ahí presiento que los 17 años que han venido después no han sido más que una proyección onírica: el breve momento del estertor comprimiendo más de 6000 días como si fuera el núcleo de un agujero negro.
Releyendo textos de Heidegger sobre el nihilismo, tomando unas hierbas dulces y fumando un habano pasan mis tardes en el Panorámica a la espera del crepúsculo, ese final de la luz y del tiempo que siempre insinúa ser el último (¿mi segundo sueño?). A pesar del fabuloso avance científico, a veces parece que el emancipador paso del mito al logos definido por Wilhelm Nestle, refiriéndose a la Grecia clásica, no se acaba de producir en nuestras mentes. El sistema progresa, pero el hombre diría que menos. Nos acosan fantasmas primigenios que se han hecho fuertes en un punto ciego de nuestro ser; no podemos alcanzar esos rincones, lo que imposibilita su completa fumigación, pero sí podemos acotarlos con disciplina y desde luego sin ingenuidades que podían entenderse hace siglos, incluso hace décadas, pero que ahora ya no nos podemos permitir. La dicotomía entre tragedia y catástrofe; no entrenarse en la incertidumbre y el desarraigo nos conduce a lo peor. Como decía Dante en la Divina Comedia, “no hay remedio para tu fractura, tu herida es incurable”.

lunes, 25 de septiembre de 2017

EL NO Y EL SÍ


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

En plena regresión a épocas tumultuosas y con efectos más alucinógenos que el depurado LSD de Albert Hofmann, la homeopatía política de los trumpianos ‘hechos alternativos’ ha triunfado entre el catalanismo y sus compañeros de viaje. “La revolución es el opio de los intelectuales”, decía una pintada en una película del free cinema, y sin duda la individualidad queda anulada por la visceral detonación de la turba, esa ola unánime que exhibe su facilidad para deificar dogmas (que no verdades) capaces, en su sectarismo inherente, de liquidar neuronas, dignidades y libertades. Gran momento para releer Masa y poder de Canetti. Repasemos higiénicamente la cuenta factual de noes y síes en esta modesta urna llamada Disecciones.
Ni Estado ni Gobierno han vulnerado ley alguna, ni Rajoy ordenó las detenciones del miércoles. No se han movilizado reservistas. Le Monde no ha apoyado el Sí, ni tampoco Letonia o Hungría. No es cierto que la ONU reconozca el derecho a autodeterminarse en Cataluña. No han entrado tanques por la Diagonal. No es cierto que “Espanya ens roba”. Tampoco es cierto que un concierto económico o el derecho a decidir sean propios del discurso de la izquierda socialdemócrata, sino del ultraliberalismo austríaco de Von Misses. No es verdad que haya dos extremos, porque sólo un bando se está saltando la legalidad. Es una broma que Dinamarca o Alemania sean el modelo del catalanismo.
Sin embargo, sí ha vulnerado unilateralmente el Parlament catalán su Estatut, la Constitución e incluso la ley europea. Sí se han movilizado a chavales en horario escolar para manifestarse, al igual que Consejerías han librado a sus funcionarios para lo mismo. Sí es cierto que algunos oficiales de los Mossos acosaron, vestidos de civiles, a la Guardia Civil. Sí es palmario que la presidenta del Parlament ha proferido arengas al más puro estilo del fascio mussoliniano frente a los tribunales de justicia. Sí se han pegado amenazas en el negocio materno de Albert Rivera. Sí han impedido los estibadores (5800 euros al mes) que la Guardia Civil (1400) sea abastecida de forma normalizada. Sí se insulta y persigue a todas horas a cualquiera que se atreva a discrepar. Sí que TV3 funciona, en clave norcoreana, como inspirador y organizador de las masas, hasta el punto de que algunos de sus reporteros saltaron sobre vehículos de la Guardia Civil. Sí que durante la Diada en muchos pueblos catalanes se escenificaron aquelarres con antorchas como los registrados en El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl. Sí es cierto que Putin está apoyando el secesionismo vía Assange, Snowden y multitud de bots. Sí parece verídico que cada vez más ciudadanos catalanes quieren huir de esa ‘tierra de libertad’.

sábado, 23 de septiembre de 2017

¡VIVA LA REVOLUCIÓN!


(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Hay que reconocer que las cargas que imprime sibilinamente el aburguesamiento son una cadena de hierro que evita o retrasa cualquier acto de conciencia plena. Por eso me ha costado tanto entender la legitimidad del camino de libertad que guían las trémulas esteladas y la puigdemontiana ensaimada capilar. Pero al fin he captado el extático resplandor: la voluntad del pueblo libre y unido es lo que más nos conviene a todos, por dignidad y agudísima inteligencia, sin las puritanas represiones de ese instrumento de eunucos llamado Derecho. De esta forma, en el cambio de vida que inicio palpitante estos días, he dejado mi Twitter despejado de fachas y equidistantes, consagrado a las higiénicas amistades de Toni Albà, Pablo Iglesias, Assange, Snowden y cientos de bots rusos, ya que Putin (junto a Maduro) sí que entiende lo que nos merecemos en Europa.
Es fabuloso cómo todo queda gozosamente transfigurado cuando encajan las piezas. Por ejemplo, ayer mismo, el Día sin coche. ¿Qué es esa terminología autoritaria, pura reliquia franquista, de “zonas permitidas” y “zonas no permitidas”, eh? ¡Basta de líneas rojas, botiflers! A ver, recordemos que el alcalde Noguera es de los nuestros, pues ha demostrado con creces estar a favor de la desobediencia y del derecho a decidir, en este caso decidir dónde aparcar el buga. Así que aquellos que fuisteis ayer vilmente multados, fora nirvis: Cort apoyará vuestra libre decisión y no sólo no os cobrará la multa sino que os brindará un homenaje público como ejemplo de ciudadanos responsables, atentos al emancipador signo de los tiempos.
En unos días me consta que los hoteleros también se van a apuntar a la Buena Nueva, renunciando a pagar la ecotasa y pasando olímpicamente del convenio colectivo. Incluso algunos puede que le hagan algún escrache a las autoridades locales, pintarrajeando y destruyendo los coches oficiales, y rodeando tanto Cort como Consolat durante días. Barcelona es nuestro faro, y debemos importar su ejemplo lo antes posible. Seny, Volk y calimocho.
Luego toca empadronarse en Son Banya. Sí, tal vez piensen que no es precisamente Son Vida, aunque en ingresos por cierto tipo de comercio a lo mejor deja en pañales al opulento mercado textil de Amancio Ortega, pero es el momento de apoyar a Cort en esta sabia y ecuánime decisión de regalar 1000 euros al mes durante 5 años a cada familia que se comprometa a, ojo a la despiadada exigencia, ¡llevar a sus hijos a la escuela! ¿Es que nos hemos vuelto locos, amado alcalde? Lo sensato, me cuentan Varufakis y Pancho Sánchez, sería 5000 al mes y sin condiciones abusivas. Seguro que Cort tomará nota para seguir a buen ritmo con su impecable itinerario democrático.

jueves, 21 de septiembre de 2017

PROGRAMAS (ELECTORALES) TRAMPA


(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Si no fuera porque estudié a Freud y Girard, y por tanto conozco cómo funcionan los psicológicos mecanismos de proyección que conducen a quien los padece a denunciar en otros aquello que sufren de raíz, me sorprendería escuchar a tanto supuesto defensor de las esencias democráticas justificar golpes de Estado e infinidad de delitos cometidos por la Generalitat de Catalunya. Tanto criticar a Trump, sobre todo un Cort que lo declaró persona non grata, y resulta que son sus más fieles discípulos: noticias falsas cada hora y ataques con napalm a la división de poderes. Enhorabuena, campeones.
Hemos tolerado durante demasiados años que se fuera incubando, no sólo en Cataluña sino también en nuestras escuelas y medios de comunicación en Baleares, un huevo de la serpiente que cada día se parece más al de la Europa de los años 30. Se ha ido inoculado un supremacismo evidente en una parte de la sociedad, y ahora vemos las consecuencias de tanta irresponsabilidad. Pujol sabía muy bien lo que hacía desde 1980. Los nacionalistas y una preocupante parte de la izquierda se ha batasunizado ya sin caretas, con Otegi de estandarte, y ahora viene lo peor: violencia explícita y una declaración unilateral de independencia. O sea, un golpe de Estado estilo Tejero. Que todavía algunos pretendan engañarse dice mucho de cómo nos ha podrido las entendederas nuestro infantilismo buenista.
Aquí no nos quedamos cortos. La conselleria de Cultura, más revuelta que la cama de los Clinton, perpetrando ayer infames llamamientos en favor de la ilegalidad desde su cuenta oficial de Twitter. Pero no olvidemos lo de Més. ¿De verdad alguien todavía pensaba que no eran independentistas? Eso no es delito, aunque hayan engañado a más de 20.000 electores hace dos años en las autonómicas con el fin de incrementar sus apoyos, en un caso de fraude electoral del que, si tuvieran decencia, deberían pedir disculpas. También en Cort, porque ni ellos si sus socios de gobierno llevaban en sus programas el derribo del monumento de Sa Feixina, pero no fue óbice para que lo elevaron a sacrosanto problema de la ciudadanía. Una cosa es que no se cumplan ingenuidades, como acabar con el paro, y otra este fraude político en toda regla.
Pero lo peor es que ahora, en su melopea irresponsable, apoyen enfáticamente golpes a la legalidad, solidarizándose con los delincuentes. ¿Diálogo? Muy bien, pero con todos los delincuentes. Hablemos con asesinos, violadores, defraudadores. No ‘judicialicemos’ problemas políticos, ¿verdad que sí, Abrilet? Ah, no, que hay delitos de primera y otros de segunda. Parts i quarts, el totalitarismo de hoy y siempre, defendido por los que nos llevan perdonando la vida desde hace demasiado tiempo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

VILEZAS DEL CASO ALPHA PAM


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Un serio error de mi anterior vida como político (aunque el peor fue dejarme arrastrar a ese foso) consistió en exigir, cuando era portavoz y candidato de UPyD, que los políticos imputados se vieran obligados a dimitir, quedando como preventivos e irredimibles apestados. También es cierto que apenas nadie se opuso a esa corriente antigarantista, pero eso no es excusa. Si racionalmente no supimos anticipar lo que podía suceder, es decir, que muchos inocentes fueran pisoteados en el camino del oprobio, ahora ya no tenemos pretextos porque los hechos en forma de absoluciones han evidenciado lo inquisitorial de sentenciar a quien no ha sido juzgado.
El asunto es todavía más grave cuando el acusado, ya liquidado por la opinión pública, no llega ni a sentarse frente al tribunal. Ejemplos hay muchos de estas tergiversadoras e histéricas piras sacrificiales, pero el caso Alpha Pam, cerrado judicialmente esta última semana, me parece muy recordable para calibrar la indignidad de cierta gente, que mira a otro lado cuando su furia persecutoria se ha quedado sin sustento. Cuando este hombre senegalés falleció por tuberculosis, hace cuatro años, la oposición en bloque acusó al Hospital de Inca y a la conselleria de Sanidad de haber provocado la muerte del inmigrante, que no tenía los papeles en regla pero que llevaba residiendo en Mallorca casi diez años.
Estamos ante un ejemplo no tanto de post-verdad como de pre-verdad: se asume una verdad maniquea cuando el asunto no ha sido ni siquiera investigado por la justicia. Y cuando ésta dictamina en contra de la averiada pre-verdad, sus feligreses miran a otro lado. El documental que Jarabo produjo sobre el caso Pam es un ejemplo infame de agitprop, pero también deberían pedir disculpas Camargo, Fina Santiago, Armengol y cierto periódico que tras inundar sus portadas con este asunto ahora calla. Sin olvidarnos de Sansaloni, conseller de Sanidad que cesó al gerente del hospital, el hoy diputado de C’s en el Congreso Fernando Navarro, como cortafuegos con el que blindarse en el cargo.
Todas las sentencias han dado la razón a los acusados: no hubo omisión del deber de socorro; tampoco mala praxis; y mucho menos fue un caso de homicidio imprudente. Pero la jauría fue incapaz de desaprovechar la manipulación repugnante de un tema tan delicado. Son los mismos que falsifican el asunto, vinculado a este caso, de la sanidad universal. Primero, hacen ver que esto es moneda habitual en toda Europa, cuando no es así (al parecer, ningún país la aplica). Y segundo, más manipulador aún, se hace creer a la ciudadanía que sin esta universalidad los inmigrantes (todos, sin especificar entre legales o no) quedarían sin derechos sanitarios, pero tampoco es cierto.

sábado, 16 de septiembre de 2017

BURBUJAS ESTELADAS Y NORCOREANAS


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Una vez acabados los vibrantes partidos veraniegos de cricket de Inglaterra contra Sudáfrica y West Indies (una selección de países del Caribe, algunos destrozados por el huracán Irma), últimamente tengo margen para pensar mucho en otras cosas. Sobre todo en burbujas. Pero no las del champán, sino en la burbuja estelada, ese modo de recogerse en un cubículo doctrinario y sentimental que nos conduce a desvaríos como el putsch de la semana pasada en el Parlament catalán. Sólo en lo más miasmático de esa guarida se puede entender que Assange y Varufakis sean respetables ”entidades supranacionales” (Rufián), que Juncker haya dicho lo contrario de lo que ha dicho, que el valle de Arán podrá autodeterminarse aunque eso haya quedado excluido del borrador de constitución, que (falsos) premios Nobel apoyen la independencia, que España no sea democrática y Cataluña permanezca exenta de corrupción.
Pensando en burbujas, la verdad es que ninguna ha podido alcanzar, seguramente en ningún momento de la historia, el absoluto nivel de depuración opaca y tiránica de la norcoreana. Si no están al tanto, yo sí, pues por algo la foca de Kim Jong-un (ese sí una auténtica entidad supranacional en su oronda mismidad) me tiene bloqueado un libro desde hace muchos meses. No es que me lo haya censurado o me amenace, es que yo tenía casi finiquitado una recopilación de ensayos, continuación natural de Disecciones (Sloper, 2013), cuando las conclusiones del capítulo dedicado al gulag gracias al cual la familia Kim tiene secuestrados a 25 millones de norcoreanos quedaron en suspenso al empezar la tanda de misilazos y amenazas del pequeño de la saga. De algo bastante permanente se pasó a una inestabilidad explosiva.
Todo ese país único vive bajo llave hasta el punto de no saber nada del exterior (tampoco mucho del interior), no existe apenas internet, sólo hay unas pocas webs estatales, y andan consagrados a un hiperculto al líder que deja en paños menores los ensayitos de Stalin o Hitler. Pero más que nadie vive en una burbuja lóbrega el propio Kim Jong-un. No porque carezca de vías de comunicación con el resto del mundo, porque las tiene todas, sino que, a diferencia de su abuelo y su padre, ya nació en esa placenta surrealista y demente que es su país, sumido en un engranaje del que no puede salir más que un megapsicópata capaz de volar en pedazos el statu quo mundial. Ayer envió otro regalo de fuego planeando sobre Japón. Qué pena que, a diferencia de las películas, los tipos de gatillo fácil sean menos solucionadores que empeoradores. Si tiene que pasar algo, que suceda ahora y así pueda cerrar mi libro de una puñetera vez.

lunes, 11 de septiembre de 2017

MÉTODO ENSENYAT O PROTOCOLO FERRER


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Es fascinante esto de obligar a los demás a lo que no permites en tu casa. Señalé la semana pasada que la banda del Prusés no contempla el derecho a decidir para una hipotética república catalana, y eso es tener una jeta de cemento olímpica, pero es que no dejan de superarse en estos momentos de absoluta melopea que están protagonizando para bochorno del resto. Estamos en un momento en el que no sabe uno a qué atenerse, cuando nuestros políticos juegan a ser fiscales y jueces. Sus leyes son endebles, por eso el poder judicial se las está tumbando una a una, pero es que las que siguen vigentes se interpretan con criterios tan dispares que es memorable la inseguridad jurídica que se está generando.
Ya saben de mi affaire con el concejal de Movilidad, e imagino que también del acoso, vía dibujitos injuriosos, de un señor de Sóller a Miquel Ensenyat. El segundo caso es muchísimo más punible, salta a la vista, pero resulta que se ha arreglado tranquilamente con una charleta entre ellos. Aunque alguno podrá pensar que lo ha hecho para lucirse en la foto, Ensenyat ha demostrado cintura y bonhomía, cualidades humanas que están muy por encima de su aciaga gestión política (la última: que su Consell escamotee gasto social para pagar pleitos armengolianos). Pero, claro, es disparatado que esto se resuelva con un cafelito y pelillos a la mar, sin aplicarle al solleric la ley LGTBI, mientras que a mí sí me la endosan, y con el máximo coste posible (3.000 euros), añadiendo que el concejal me demanda por lo civil (12.000). ¿O es que esta ley tiene dos protocolos cuya aplicabilidad sigue patrones cuánticos?
Continuemos con Més. Estarán al tanto de que Noguera, junto a conmilitones berroqueños como Carrió y Apesteguia, acudió al acto de la OCB y los acólitos de Tòfol Soler en la Plaça Major para celebrar el Putsch(demont) a la legalidad, no sólo estatal sino también catalana. Aunque no estuvo en todo el acto, ¿no entiende Noguera que mientras sea alcalde no puede ni acercarse a estas mascaradas? Es más, imagino que si el máximo dirigente de una ciudad de la que sólo le ha votado el 15 % apoya que se vulnere la legalidad, también aplaudirá a manos llenas cuando los sufridos habitantes de Palma decidamos hacerle un correspondiente corte de mangas a los decretos o normas que Cort haya aprobado, ¿verdad? Es que si no es así, si no entienden que la desobediencia o es para todos o no es para nadie, entonces es que andan aquejados de una dolencia bastante grave cuyo diagnóstico podrán encontrar en cualquier libro de historia del siglo XX.

jueves, 7 de septiembre de 2017

BON VOYAGE


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Si a algo estoy bastante sincronizado es al Voyager, esa doble sonda de la NASA que acaba de cumplir cuatro décadas y que es el artefacto creado por el hombre que más lejos ha llegado: fuera de la heliosfera y en pleno espacio interestelar. El Voyager I tenía que nacer a la vez que un servidor, aunque yo me retrasé unas semanas sobre lo esperado, pues soy diezmesino como el Alvy Singer de Annie Hall. El ginecólogo de mi madre era un familiar, y con la confianza prefirió esperar a que yo saliera por las buenas. Pero como siempre he tenido un don para irritar al personal y la molicie introspectiva, tuvieron que venir a por mí los Geos.
Como decía, la sonda Voyager cumple años y va camino de la desconocida Nube de Oort, algo que nadie podía pensar cuando fue propulsada fuera de nuestro planeta. Sus baterías de plutonio siguen activas, y parece que su contacto con la Tierra (aún envía información de su periplo) se prolongará hasta 2025, cuando seguirá su senda pero ya muda y ciega. Estamos ante un ejemplo fascinante del poder y alcance de la ciencia, y si se ha llegado hasta aquí es por el espíritu universalista del asunto, tanto a nivel metodológico como en lo meramente colaborativo. Sin ir más lejos, en el CERN de Ginebra, donde carbura el fabuloso Gran Colisionador de Hadrones, conviven científicos de todos los países sin que lo particular afecte al engranaje superior.
Pero cualquier avance cuenta con su contrapeso: la sórdida y estéril política. Ahí todo funciona al revés. De hecho, ni funciona: sólo crispa, tergiversa, se repliega. Lo identitario es lo primero, el mandamiento máximo. Sin identidad que defender, uno no vale para eso, es automáticamente rechazado por el circuito tóxico que transmuta la preocupación por lo público en hostilidad a cara de perro. El Putsch ayer del Parlament catalán contra las formas democráticas al menos sirve para certificar que la palabrería embaucadora del Seny se ha hecho el harakiri. No olvidemos tampoco los ataques que está recibiendo en Baleares, tras la paralización del derrumbe de Sa Feixina y de la gratuidad del túnel de Sóller, el poder judicial por parte de políticos del Pacte y ciertos plumillas. Si el siglo XXI nos ha dejado progresos científicos fabulosos, cotas que generan asombro y admiración, la cainita burbuja política parece abismarse ante tal exhibición de su Némesis (meritocracia y provecho) para retrotraerse a formas de gestión y convivencia propias del Antiguo Régimen. El fair play, las formas y los procedimientos, son la clave de la democracia, pero llevamos demasiado tiempo dando legitimidad a puros caprichos basados en falacias históricas. Un viaje suicida.

lunes, 4 de septiembre de 2017

A VUELTAS CON LAS FOBIAS


Es la palabra, o más bien el sufijo, de moda: las fobias pululan como turistas en verano. Odios por aquí, fobias por allá. En la época más victimista de la historia, en la que es más importante conseguir que a uno se le perciba como mártir antes que tener razón o argumentar con rigor, la hipermoralidad nos conduce a un campeonato enfebrecido por decidir quién llora más, es decir, a quien se le deben más apoyos, ayudas o privilegios. Como siempre, conviven casos reales con otros exagerados, y es decisivo saber distinguir a unos de otros. Es el peligroso y manoseado mecanismo: servirse de una causa legítima (defender al débil) para hacer justo lo contrario (perseguir a los discrepantes).
La llamada islamofobia ahora mismo ostenta la cabeza en la carrera victimológica, hasta el punto de que para algunos es más urgente parar su supuesto influjo que el terrorismo yihadista. Sin embargo, el riesgo es que se pretenda blindar la doctrina implicada, demonizando la crítica con la excusa de luchar contra la demonización. En este sentido, dando un salto tan mayúsculo como la elipsis de 2001 (cuando del hueso del homínido pasamos a la nave espacial de Hal 9000), para escapar a la posible islamofobia se está consagrando la islamofilia, una desorbitada consideración del islam como “religión de paz”, obviando que incluso sus versiones más amables, sobre todo en cuanto a derechos de las mujeres y los homosexuales, podrían quedar a la derecha del cristianismo actual más conservador.
Sin embargo, siempre subsisten odios fuera de foco, y en este caso no es otro que la judeofobia. De Francia y otros países europeos, los judíos huyen en masa. Recordemos el atentado al supermercado kasher en París o a algunas sinagogas. Pero apenas se habla del viejo y arraigado antisemitismo. Cuando en el mundo musulmán está muy extendido, como se vio en una pancarta tras los atentados de Barcelona en la que se acusaba a Israel de los crímenes. En Baleares hemos oído inculpaciones judeófobas en clave conspiranoica de la boca de Juan Peralta, imam de Pere Garau, o de Yousef Jouihri, portavoz islámico en la isla. También del empresario palestino asentado en Galicia Ghaleb Jaber Ibrahim. Todo ello sin que sus entrevistadores pusieran la mínima pega a la propagación de este odio. Pero es que entre nosotros dicha fobia no está mal vista. De hecho, apenas se la menciona, señal de que persiste en España, uno de los países europeos donde menos se tolera a los judíos, según estudios de la UE. Por no hablar del caso tan mallorquín de los chuetas, una aversión omnipresente durante siglos que realmente no se ha superado sino sólo aparcado.

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jueves, 31 de agosto de 2017

HUMOR A QUEMARROPA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Sigue la sintonía de nuestro Pacte con Cataluña, pues es una pauta de los tres partidos que lo apoyan mirar siempre con esotérica admiración lo que se cuece por allí. Tras el disparate del sábado, contemplado con asombro por todo el mundo mundial, llega el humor salvaje: el texto de esa especie de preconstitución catalana. Es tan descacharrante de principio a fin que me ha permitido, ¡ya era hora!, dar con la clave de su estrategia, diabólicamente efectiva: quieren matarnos a todos, pero mediante letales ataques de risa, como ese gag de los Monty Python en que un chiste escrito fulminaba ipso facto a cualquiera que lo leyera, y que es utilizado con mucha habilidad para ganar la II Guerra Mundial. Lo más cachondo es que, en caso de independizarse, Cataluña sería indivisible. Sí, sí, lo que leen: ni derecho a decidir ni gaitas para aquellas regiones que no estén cómodas en el nuevo marco. Hoy sí, mañana no. El panorama del ataque a base de risotadas tóxicas comienza a ser devastador: mandíbulas descoyuntadas, pulmones sin aire, riada lacrimal, dolor de pecho, cabellera arrancada.
El bombardeo humorístico, como digo, ha crecido tanto que ha conseguido atravesar el Mediterráneo y anegar nuestras instituciones, dirigidas en su mayoría por auténticos hachas del esparcimiento jocoso que acostumbran a ejercer en el Cariatides Comedy Club, pero también hacen sus pinitos en las tarimas del Cort’s Theatre o el Masquerade Consell. Pero entonces llegan los jueces, esos carcas aguafiestas, y los repescan del recreo. Mecidas al ritmo de la conga, sus estelares leyes se están viniendo abajo, a la espera de que sigan esta dinámica desplomante las del alquiler vacacional y los toros ‘a la balear’. Todo tiene el sello de las obras de Calatrava o sigue el libro de estilo del capitán Schettino, experto en naufragios con categoría.
En el caso de la paralización del derrumbe del mal llamado monolito (recordemos que no es de una sola pieza) de Sa Feixina, el magistrado dice que las alegaciones de Cort no justifican la urgencia del derribo, pues se han decantado por demonizar a ARCA, dejando en evidencia unos modos muy asentados en el Pacte: pocos o ningún argumento racional y todo el peso en la diatriba contra el discrepante. Pero hay que seguir tronchándose, no sean cenizos. Habrán visto esa fotografía de Noguera con Trapero Varufucker, en la que nuestro estelar alcalde, con una sonrisa digna de causa groupie, parece querer fichar al jefe de los Mossos para el posible cuerpo policial balear que lanzó a los medios su compañero de filas Cantinflas Abril, ese Cos de Guaita cuyo nombre supone un cruce entre voyeur y la Stasi, la verdad.

lunes, 28 de agosto de 2017

EL OASIS IMPLOSIONA


Es difícil tocar más fondo. En ningún país se ha reaccionado como en España a un atentado islamista. Pasó en 2004 y ahora se ha perfeccionado el mecanismo cainita hasta llegar a su clímax: todo sirve para la guerra interna. Son muchos sexenios de experiencia. El sábado descolló notoriamente la exhibición de fanatismo incívico, un completo y profundo master del energumenismo, impartido por organizaciones y partidos como la ANC (¡a la que se concedió el servicio de orden de la manifestación!), la CUP o ERC. Lo nunca visto tras unos crímenes yihadistas: olvidarse de los muertos y aprovechar la coyuntura para las batallitas endógenas. Una anomalía, el verdadero ‘hecho diferencial’. No pasó en Francia, pues ni siquiera LePen se atrevió a tanto. Tampoco en Reino Unido, Alemania o Bélgica. Aquí sí, y promocionado por los que, planeando desvincularse de los rasgos de la ‘leyenda negra’, son su expresión más fiel.
Se veía venir, llevábamos días tiritando en el coma ético de inventarnos que un paparazzo holandés representa a la “Brunete mediática madrileña”, que los Mossos son mejores que los Marines y el Mossad juntos o, en el súmmum de la indecencia, que Rajoy sabía del atentado pero no quiso informar a Puigdemont, basura que expelió Público el viernes, la posverdad más sonrojante en mucho tiempo. Todo eso humillando a unas víctimas, seres siempre entristecedores, ya del todo relegadas en favor de sus vigorizantes asesinos: apenas se ha hablado de Rubí, el pueblo de la mayoría de los liquidados, en beneficio de Ripoll, nido de la célula de psicópatas. En un paso más de la desviación del foco, ni del EI se dijo nada: cansa mucho esto de odiar a España como para que sobre algo de rabia contra los islamistas. Pero, claro, ¿para qué?, si ya los hemos derrotado, sepultando en las redes al hijo de la Tomasa bajo toneladas de memes. Como recordaba Arias Maldonado el sábado, hasta el terrorismo ya ha sido fagocitado como una rama más del entretenimiento. Claro que hay desconexión, pero de la realidad.
Cuando alguien saque pecho histriónicamente de algo, huyan. Es por su bien. Cómo presumían los de Noos de organización “sin ánimo de lucro” (más bien, sinónimo), la fiera se disfraza de damisela cuando huele la sangre. Pero aún peor ha sido la matraca del seny en el “oasis catalán”, que ya sabemos bien en qué consistía: todos los defectos del resto de España, y no son pocos, más algunos extras marca de la casa. Lapidaron a Peridis, pero porque su gag fue un diagnóstico preciso. Tranquilos, en unas semanas la colla se superará. Nada está por encima del Prusés. El EI morirá, pero de la risa.

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viernes, 25 de agosto de 2017

HACIA EL COMA ÉTICO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Ni el verano es lo que era, el mundo se reinventa al margen de ciclos conocidos. Un año sin apenas balconing es otra cosa, pero no un verano como el que ya teníamos asimilado. Incluso a nivel informativo parece que este agosto se agotaron las ‘serpientes veraniegas’ para dejar paso a noticias relevantes en serie, cuya colofón de gravedad han sido los atentados de Cataluña. Pero como todo tiene su contrapeso, mucho menos solemnes son las peticiones de la panda cachonda de Més, con el insigne Abril al frente, de importar a Baleares la “ejemplaridad” de los Mossos. A lo dicho en esta sección el pasado lunes sumen el aviso (informal, pero aviso) desde Bélgica sobre el imam salafista, o la desestimada alerta de la jueza de Amposta sobre la hipótesis terrorista de las bombonas de Alcanar. Eso sí, sería capaz de poner dinero, si no me lo quita antes nuestro Govern con su expediente, para fichar al ex-legionario de Cambrils, único episodio realmente envidiable de todo este asunto. Pero si algo queda claro del ejemplo catalán es que multiplicar el gasto público en ese sector no mejora necesariamente la efectividad policial. Con lo que costó en su momento coordinar a Guardia Civil y Policía Nacional, la proliferación de cuerpos de seguridad no parece la solución ideal.
Y del humor pesemero al pasmo deprimente. Me refiero a la experiencia alucinógena, incluso diría que cercana a la catatonia, que está suponiendo asistir a la beatificación no ya de la comunidad musulmana sino de ¡los mismísimos terroristas! Pobres chavales, ¿no?, sin duda son más víctimas que nadie. No se sabe de qué, pero al fin y al cabo tan víctimas que estamos a dos minutos de dedicarles grafitis en las calles, como se hace en Palestina con los shahids. No soy el único al borde del coma ético, pues algunos se han preguntado en redes sociales por qué estas grotescas maniobras exculpatorias no alcanzan, sin ir más lejos, al supremacista blanco de Charlottesville, otro chaval incomprendido. Pero seamos compasivos: total, los tiernos angelitos sólo querían hacer pedacitos a centenares de personas en Barcelona…
El experto francés en islamismo Gilles Kepel recordaba hace poco que los yihadistas pretenden influir en la política europea. Atacaron Francia durante dos años seguramente para propiciar la victoria de Le Pen, con su consecuente choque civilizatorio, pero tras arrasar Macron han aflojado ahí para apuntar más al sur. Si lo de Cataluña ha tenido esa intencionalidad de perjudicar el curso político, de por sí bastante desmadrado, ya nos podemos preparar para una ofensiva continuada. Sobre todo después del video del Estado Islámico convocando a España a una guerra “hasta el fin del mundo”.

lunes, 21 de agosto de 2017

LA MADRE DE SATÁN


Es un milagro que en 13 años no se hayan producido atentados islamistas en España, porque intentos desde luego ha habido, pero las fuerzas de seguridad han sido muy eficientes: unos 650 detenidos y 172 operaciones. Y podría haber sido mucho peor, porque la célula ripollesa dirigida por el imam salafista Essati quería hacer explotar tres furgonetas con 106 bombonas de butano y “la madre de Satán”, un explosivo muy querido por el EI, para atacar la Sagrada Familia, pero la torpeza de los terroristas generó la explosión de Alcanar y el lanzamiento horas después de un rebajado plan B. Por tanto, hemos esquivado la catástrofe absoluta por dicha impericia yihadista, no por unos apresuradamente canonizados Mossos d’Esquadra cuya labor, salvo la actuación individual del ex-legionario que se cargó a cuatro terroristas en Cambrils, deja serias dudas: el chalet okupado de Alcanar no detectado; la explosión que no relacionaron con terrorismo ni informaron a Guardia Civil o Policía Nacional; el caso de los bolardos que, junto a Colau, se negaron a instalar, pero que funcionan en Europa tras el atentado de Berlín; sigue libre el asesino de los 13 viandantes en las Ramblas, y casi seguro del conductor acuchillado, que escapó fácilmente del escenario del crimen y burló la Operación Jaula; o las declaraciones de Trapero, jefe del cuerpo, afirmando dos horas antes de Cambrils que no se esperaban más ataques. Su tarea no es nada fácil, pero hay que ser rigurosos y no seguir la estela embaucadora del Procés.
Mecidos en nuestra confortable pero crispada burbuja, sacudidadas como las del jueves en Barcelona y Cambrils ponen las cosas en su lugar. O deberían hacerlo, porque ya vemos con el paso de los días que no es así, sobre todo en el manicomio de las redes sociales. La ventaja es que, cual espejo diáfano, cada cual va quedando retratado en sus sesgos y demencias, que se ven incluso agravadas tras los asesinatos. Algunos no sólo no regresan al fiable suelo, sino que hinchan más su alucinación.
Sin olvidarnos de la absurda polémica sobre si procede mostrar imágenes duras de los hechos. Para mí, sin ser periodista stricto sensu, prima siempre el derecho a la información de sucesos tan relevantes como éste. Con evidentes cautelas, sin duda, pero no le veo sentido alguno a pedir que se oculten a todos esas imágenes que han molestado a ciertas almas bellas. Como en todo derecho, el que no quiera participar que retire la vista un instante. Pero sin exigir a los demás coincidencia de criterio en algo que es información pública y que afecta tanto a nuestras vidas, nos guste o no. Lo que existe, debe quedar consignado.

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viernes, 18 de agosto de 2017

FUERA DEL ESPACIO-TIEMPO


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Cada verano regreso a los no-lugares de Marc Augé, el pensador francés. Sobre todo en agosto, el único mes del calendario que no existe más que como magma incoherente de instantes que nos mecen en el Limbo y cuya única finalidad sustancial consiste en desembarcarnos encima de septiembre. Agosto no existe, es un cúmulo de jornadas espectrales donde brotan y se refuerzan los no-lugares, esos espacios de tránsito sin alma ni identidad como son los hoteles, los aeropuertos, las estaciones de servicio o la sede del PSIB. En estos reductos del anonimato y la incertidumbre la vida queda en vilo, supuestamente sublimada por la obligación de lo hedonista pero en realidad disuelta hasta el tuétano. La diversión exigida de los veranos no tiene otro fin que quemar el tiempo, no reconocer que la cronología permanece suspendida, para regresar así a la responsable conciencia temporal y laboral que fija septiembre, el mes del despertar.
Descarrilado de la estable continuidad anual, cada cual se sostiene sobre sí mismo en una movilidad frenética que carece de brújula. Cada átomo del grupo se libera para hacer lo que desee… pero lo que hace realmente es sumarse a las dinámicas más tribales. El fuego de agosto disuelve todas las coordenadas, incluso multiplicando no-lugares, como aquel infinito deambular de atasco en atasco o de camino en camino que según algunos conduce a playas redentoras. A esta deslocalización basada en la provisionalidad el verano tórrido añade desconciertos y en ocasiones un horror superior. Y es que los atascos son una variable no contemplada por Augé, que yo sepa, en la lista de no-lugares, porque en esos casos uno se convierte en cautivo del asfalto, secuestrado por la contingencia del momento. Atados al propio automóvil, apenas avanzamos, pero no quedamos tan detenidos como para salir un rato a estirar las piernas y departir con los compañeros de reclusión. Esta permanencia exagerada en los no-lugares se ahonda en los retrasos que padecen los aeropuertos fruto de la masificación o de las huelgas, como la de Barcelona estos días. El consuelo del momento inusual se convierte en tortuosa convivencia en lo indiferenciado, en amenaza de arraigo en el desarraigo. Salvo en esa película de Spielberg, se acaba saliendo del trance, pero con el rostro desencajado del que ha escrutado los abisales ojos de la Nada.
Pero no nos engañemos: la diferencia entre lugares fetén y no-lugares es sólo fenoménica. Como decía Heidegger sobre el nihilismo impropio y el propio, todo es nihilismo, sólo que en un caso se es consciente de ello y en el otro se vive en la ingenuidad de la pureza. Todo son no-lugares, especialmente aquellos andurriales alienantes que algunos consideran hiperauténticos.

lunes, 14 de agosto de 2017

SOKOLOV EN LA GRANJA


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Tampoco en agosto somos capaces de dejar la trinchera en barbecho. Desde las hamacas o en pleno chapuzón tenemos la portentosa habilidad de seguir aportando nuestro granito de arena al guerracivilismo ambiental. Aunque cabe reconocer que se trata de una marcialidad que se inocula básicamente desde los medios y las redes, siendo la realidad callejera más reflejo que causa, porque Arran es exactamente el equivalente a Hazte Oír en el otro extremo: su grado de representatividad es mínimo (Arsuaga sólo reunió en Palma a 15 fieles), pero su capacidad de exposición es mayúscula. Habría que comenzar a pensar si este espíritu de trinchera que en redes y medios promueve una polarización extrema de la sociedad acontece por mala fe (demonizar al rival ideológico exhibiendo a falaciosos hombres de paja para fingir que toda la derecha es de Hazte Oír o que todos los críticos con los efectos del turismo son unos hooligans como la chavalada de Arran) o por automatismo incompetente (regalar portadas al que más berrea).
Sin embargo, aún quedan algunos antídotos contra esta jibarización de lo real, esta reducción a estériles dualidades maniqueas: la sutileza, el talento, la delicadeza de Grigory Sokolov, el mejor pianista desde Sviatoslav Richter. Un monje benedictino que parece vivir consagrado a masajear el piano, nada más y nada menos, y que el pasado jueves visitó nuestra granja psicótica para regalarnos una estela de deleites inagotables. Pero entonces su parusía topó con nuestro modus operandi: Sokolov y Maisky (acompañado del pianista Volodin, en Bellver) en la misma ciudad, la misma noche y hora. Y Auserón en Porreres. O todo o nada.
Ni ante un inmenso Sokolov desgranando las notas del Valhalla pudo uno olvidarse de la misantropía. Si ya el concierto se retrasó un cuarto de hora, responsabilidad principal de los asistentes más autóctonos, luego el comportamiento de los presentes no siguió el cacareado patrón de virtud indígena y barbarie foránea, bien al contrario: los guiris presentes en general respetaban bastante las formas, no así muchos rústicos con DNI. Si algunos aplaudían como boixos nois para que empezara ya el concierto, otros jugueteaban con un móvil que se les caía aparatosamente, toses fuera de lugar, ruido de bolsas. Como para muchos de ellos lo primordial esa noche era no perderse la cena, docenas de bípedos desfilaron a las 23 horas cuando acabó el repertorio oficial de Mozart y Beethoven, otros abandonaron la sala al segundo o tercer bis (fueron seis los obsequios del petersburgués), y demasiados de los que se quedaron hasta el final lamentaban con bufidos que ese genio se empecinara en seguir regalando prodigios, gruñendo compungidos desde sus asientos: “Una altra més? Buff, avui no soparem, al·lots!”.

viernes, 11 de agosto de 2017

SERENDIPIAS AZTECAS


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Si Colón descubrió América buscando las Indias, ahora construyendo un museo del chocolate en Ciudad de México hemos dado con la gran torre de cráneos de Tenochtitlán, la mítica Gran Tzompantli del Templo Mayor, escenario truculento por antonomasia que muchos deseaban resguardar sólo en la perversa imaginación autojustificatoria de los conquistadores. Pero el descubrimiento es decisivo por lo que tiene de validación de los cuestionados testimonios de Bernardino de Sahagún, Andrés de Tapia, López de Gómara, Díaz del Castillo, José de Acosta o el mismo Hernán Cortés.
El Gran Tzompantli era una empalizada de 60 metros de diámetro hecha de postes y varas de madera con base de cal y piedra, aliñada con una plétora de cabezas empaladas recién cortadas, en la que Tapia dio cuenta de decenas de miles de cráneos con una exactitud ahora certificada. Las torres de cráneos (unas siete) tenían la finalidad, además de lo puramente ritual, de intimidar a los enemigos que se atrevieran a acercarse al núcleo del imperio. Muchos investigadores han tratado de salvar de alguna manera la cara a los aztecas asegurando que esos miles de cráneos hallados pertenecerían en exclusiva a guerreros, pero ahora sabemos que un 30 % proceden de mujeres y niños.
El mito del “buen salvaje” hizo estragos incluso en Montaigne, que transfiguró a los caníbales tupinamba en ingenuos boy scouts, y el partido contra la “leyenda negra” española ha ido viento en popa. Sin que nos demos cuenta, sigue vivo el etnocentrismo en Occidente, aunque en su forma más compleja: manteniendo la diferencia esencialista entre nosotros y ellos, simplemente se ha desplazado el peso de la culpabilidad de los precolombinos a los europeos. El error permanece porque la ideología nunca es universalista sino parcial, ya sea para presentarnos como los más sublimes o como los más perversos.
El filósofo franco-búlgaro Tzvetan Todorov, recientemente fallecido, escribió un libro fascinante, La conquista de América. El problema del otro (1982), sobre la odisea histórica del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. Analizó ahí los pormenores del enfrentamiento con el otro, un choque abismal de culturas, “el encuentro más asombroso de nuestra historia”. Partiendo del principio de que se descubrió un continente que ni se sabía que existía, no se contaba con información de lo que iban a encontrarse los españoles, así que la sorpresa fue absoluta. También por parte de los conquistados, claro. Aunque caiga en cierto buenismo indigenista, Todorov analiza con brillantez la semiótica pura del contacto, los signos del acercamiento de uno y otro, y los dilemas éticos que esa coexistencia implicó. La alteridad humana a la vez se muestra pero también se niega en un proceso dificultoso que va advirtiendo sus múltiples gradaciones.
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