lunes, 5 de junio de 2017

ANTIDOPING EN LAS CARIÁTIDES


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

A riesgo de ser pesado, reincidiré en mi calificativo de Club de la Comedia para referirme al Parlament, cada vez menos apreciado por la ciudadanía a cuenta de sus inquilinos. Pero la responsabilidad de mi reiteración es exclusivamente suya, pues no hay semana en que no se produzcan astracanadas. Para vergüenza de los mortificados contribuyentes, porque de los políticos es evidente que no: acaban de aumentarse un 33 % las dietas, y es que el talento hay que pagarlo.
En mi anterior vida como político tuve que asistir un mes entero (octubre 2014) a las sesiones del Parlament. Todavía no me he recuperado. Ni en la consulta del dentista lo he pasado peor. Sopor, cabreo, fist-fucking mental y sobre todo cantidades industriales de vergüenza ajena. Menos mal del auxilio del móvil, que me permitía drenar la congoja comentando con sarcasmo en Twitter el semanal naufragio. Al menos me consolaba pensando que a peor no se podía ir, pero ni con los años dejo de ser un ingenuo ante un panorama tan orgullosamente asilvestrado.
Hay que reconocer que la “nueva política” podemita ha introducido novedades. Podem nació para dejar huella. El problema es, ¡vaya casting el suyo!, que esa huella no siempre está siendo precisamente memorable. Ahí queda ese “bulto sospechoso” (Butanito dixit), Salvador Aguilera, que ha protagonizado desde el estrado una de las intervenciones más alienígenas que se recuerdan. Y ya saben que en este ambiente el listón está muy alto. Pero peor aún fue su reacción, encantado de la gesta. ¿En qué localidad ibicenca reside Aguilera? ¿En Pachá o en el Space?
Y del ridículo a lo escabroso. Imaginen a los seguratas del Parlament detectando ruidos una madrugada en la tercera planta. Seguro que alguno sospechó que Airbnb había alquilado las estancias políticas para docenas de guiris recién aterrizados. O que se hubiera colado alguna familia de okupas. Pero no, el rastro sonoro no condujo hacia otro ser que la diputada Seijas. Por muchas explicaciones que haya dado, todo suena a extravagancia pura. Lo estoy viendo: nuestra imprescindible Montse paseando nocturnamente por los pasillos vacíos, cual Jack Torrance en el hotel Overlook de El resplandor, enfrascada en las oníricas fiestas del antiguo Círculo Mallorquín en el salón de baile, el actual hemiciclo, con Ricard Anckerman dándole las buenas noches y ofreciéndole un bourbon con mucho hielo...
Los partidos del Pacte, en su línea de democracia “a la balear”, han prescrito pruebas antidopaje para los toreros. Visto el panorama, ¿no sería más necesario y efectivo instaurar, hoy mismo, controles de todo tipo de sustancias en las puertas del Parlament para que las melopeas de sus ilustres señorías no emponzoñen más la sufrida sala de las Cariátides?

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